Después de un largo viaje y pocas horas dormidas, llegamos a Beijing. La idea que llevabamos era coger el aerobus que nos dejaría en el centro y desde allí cogeríamos un taxi. Pero lo planificado no siempre llega a buen puerto y una vez tuvimos comprados los billetes para el aerobus y cuando ya estábamos a punto de subir, nos dijeron que no podríamos sacar las maletas hasta la última parada... y nuestra parada estaba en medio!! Entonces, Ting se enfureció con los chicos que se encargaban del aerobus y yo le propuse coger un taxi. Pero ella no estaba tranquila porque nos habíamos gastado 16 yuanes (creo recordar) cada una y fue a reclamar que nos devolvieran el dinero. Una vez dinero en mano, fuimos a buscar dos taxis porque llevabamos muchisimo equipaje entre las dos. La odisea con el taxi fue alucinante!! Los pekineses conducen fatal!! Pero a la vez tienen una destreza impresionante para atrevsar cuatro carriles de golpe o para esquivar coches. De camino al hotel iba admirando el "paisaje" y me sorprendí de la mezcla de estilos arquitectónicos que hay en Beijing: grandes bloques de pisos y algun que otro rascacielos junto con los edificios más tradicionales. Cuando llegamos al hotel me enamoré de la calle donde se encuentra. Es un hutong precioso, con varias casas antiguas, algunas de las cuales incluso se podría decir que se aguantan en pie por los pelos. Pero, lo que para mi es más atrayente es el ambiente que se respira, ya que considero que es realmente auténtico. Hay gente paseando, bicicletas, triciclos que lleban carga, además de coches... Es una mezcla muy especial. Creo que ya empiezo a enamorarme de Beijing, y este sólo es el primer vistazo que hago a esta gran ciudad. Hudie
jueves, 25 de agosto de 2011
Beijing tiene un encanto especial.
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