jueves, 25 de agosto de 2011

Beijing tiene un encanto especial.

Después de un largo viaje y pocas horas dormidas, llegamos a Beijing.
La idea que llevabamos era coger el aerobus que nos dejaría en el
centro y desde allí cogeríamos un taxi. Pero lo planificado no siempre
llega a buen puerto y una vez tuvimos comprados los billetes para el
aerobus y cuando ya estábamos a punto de subir, nos dijeron que no
podríamos sacar las maletas hasta la última parada... y nuestra parada
estaba en medio!! Entonces, Ting se enfureció con los chicos que se
encargaban del aerobus y yo le propuse coger un taxi. Pero ella no
estaba tranquila porque nos habíamos gastado 16 yuanes (creo recordar)
cada una y fue a reclamar que nos devolvieran el dinero. Una vez
dinero en mano, fuimos a buscar dos taxis porque llevabamos muchisimo
equipaje entre las dos.
 
La odisea con el taxi fue alucinante!! Los pekineses conducen fatal!!
Pero a la vez tienen una destreza impresionante para atrevsar cuatro
carriles de golpe o para esquivar coches. De camino al hotel iba
admirando el "paisaje" y me sorprendí de la mezcla de estilos
arquitectónicos que hay en Beijing: grandes bloques de pisos y algun
que otro rascacielos junto con los edificios más tradicionales.
 
Cuando llegamos al hotel me enamoré de la calle donde se encuentra. Es
un hutong precioso, con varias casas antiguas, algunas de las cuales
incluso se podría decir que se aguantan en pie por los pelos. Pero, lo
que para mi es más atrayente es el ambiente que se respira, ya que
considero que es realmente auténtico. Hay gente paseando, bicicletas,
triciclos que lleban carga, además de coches... Es una mezcla muy
especial.
 
Creo que ya empiezo a enamorarme de Beijing, y este sólo es el primer
vistazo que hago a esta gran ciudad.
 
Hudie

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